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Aclaro que no soy economista, pero voy a aventurarme a emitir esta opinión porque creo que en el Perú se perdió la tremenda oportunidad de aumentar significativamente la base tributaria y fomentar el consumo al mismo tiempo.

Antes de la explosión de la crisis en setiembre pasado, la economía Peruana se había adaptado para operar prósperamente con la gasolina más cara de la región: alrededor de $6 por galón las de 97 y 95 octanos. Con la drástica reducción de los precios del petróleo, esas mismas gasolinas cuestan hoy alrededor de $3.5.

Lo que debió hacer el gobierno es mantener la gasolina cara mediante impuestos, y reducir el IGV la cantidad de puntos que correspondiera para mantener la recaudación estable (el IGV, o impuesto a las ventas, es normalmente conocido como IVA en otros países).

Estos son los motivos:

1- Una baja del IGV hubiera aumentado significativamente la popularidad del gobierno, necesaria para enfrentar la crisis, y hubiera evitado medidas populistas y tan dañinas como la cesión de terrenos a favor de invasores.

2- El impuesto a la gasolina muy justo: Los que más tienen pagan más (con múltiples carros, camionetas, etc.) que los que menos tienen (que usan carros más pequeños, uno por familia, o autobuses y con gasolinas más baratas), y no afecta tanto al transporte, que usa combustibles baratos, y el costo se distribuye en muchas toneladas de carga.

3- El impuesto a la gasolina tiene menor evasión que el IGV, por lo que la pequeña base tributaria del Perú se hubiera ampliado significativamente, reduciendo la carga impositiva al sector formal de la población al distribuirla en sectores más amplios.

4- El IGV tan alto como está (19%) fomenta la evasión y la informalidad, por lo cual requiere ser aumentado progresivamente, y se genera un círculo vicioso difícil de romper (todavía recuerdo el aumento "temporal" del IGV del 18% al 19% en el gobierno de Toledo). Además, los negocios informales acarrean una serie de problemas para sus "empleados".

5- El IGV, cuando no es evadido, es pagado incluso para alimentos o servicios de 1ra necesidad, medicinas, atención médica, etc. Tanto el pago del impuesto como el fomento de empresas informales en esos rubros acarrea problemas serios para la población de menores ingresos.

6- Una baja del IGV hubiera fomentado inmediatamente el consumo, ayudando a disminuir el impacto de la crisis financiera (si bien actualmente es limitado principalmente a bienes duraderos).

¿Hubiera sido posible? ¿Algún economista puede dejar su opinión?

Hasta la próxima,

Winston Smith

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