jul 09
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Si Zelaya estaba violando la ley con su accionar (yo creo que sí), debió haber sido removido del cargo por vías constitucionales. Le duela a quién le duela, y por más que intenten justificarlo de mil formas, que los militares secuestren a un presidente, lo saquen del país, y que a partir de esa acción asuma un nuevo presidente... es un golpe de estado.
El rechazo ha sido unánime y de diversos matices porque una acción tan torpe no da margen para nada más. Es una vergüenza que sigan ocurriendo los golpes de estado en nuestra región. Hemos podido ver el rechazo de gobiernos legítimos, los rechazos de doble moral como Cuba y Venezuela (no me digan que Castro y Chávez tienen moral para criticar una ruptura del orden constitucional democrático) y hasta los patéticos, como el del gobierno argentino, intentando tener algún protagonismo en algo luego de sumir al país en la irrelevancia y perder las últimas elecciones.
El problema es que todos los involucrados en la acción o en el gobierno de facto han perdido legitimidad, y si Zelaya logra volver al poder, por más ilegal que sea, su accionar ya no va a tener impedimento.
Como los actuales gobernantes de Honduras no van a permitir el regreso de Zelaya, y con ellos gobernando el país va en vías de convertirse en un paria, no habría otra opción que llamar a nuevas elecciones en el más corto plazo, y con la simbólica supervisión de la OEA (porque en realidad no sirve para nada).
Hasta la próxima
Winston Smith
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zelaya, honduras, hugo chávez, golpe de estado